lunes, 9 de mayo de 2016

Alexej von Jawlensky. 1864 - 1941.

 
 
 
De origen ruso, su interés por la pintura comienza tras visitar la Exposición Mundial de Moscú de 1880; tenía 16 años y estudiaba en la Academia Milita. Abandona lo estudios militares e inicia los de pintura en la academia de Bellas Artes de San Petersburgo. Desilusionado por los métodos academicista, deja la Academia y se traslada a Múnich en 1896.
 
Desde el punto de vista estilístico es considerado expresionista pero en su pintura no encontramos el espíritu pesimista y agónico tan característico del expresionismo.
 
Análisis, evolución e influencias:
 
 
Sus primeras obras, como podemos ver, tienen un marcado naturalismo.



 
El Viejo Schlom Judío. 1893.


Trabaja el óleo sobre lienzo y como tema principal  el retrato, en los que predomina el color sobre la línea, y donde el juego de luces y sombras tiene gran importancia.
 
En 1905 viaja a Francia, donde conoce y estudia las obras de Paul Gauguin y Vincent van Gogh.
 
Su admiración por la obra de estos autores la vemos claramente en este autorretrato.



 
Autorretrato. "Sobrero de copa".

Tuvo la oportunidad de conocer a Henri Matisse y la obra de los pintores fauves, junto a los que expondrá en el Salón de otoño de ese mismo año.



 
 
 
Como consecuencia nos encontramos:
 
Como temas principales el retrato, los paisajes y las naturalezas muertas.
En todas ellas característica común es la subordinación del motivo al color, dotando a éste de apariencia plana y renunciando al uso de sombras y contornos en beneficio de una composición que en su caso extremo se limita a la yuxtaposición horizontal de bandas de colores primarios y complementarios.



 
 
 
Los elementos del cuadro se hacen menos naturalistas y la línea, que delimita los contornos, se van a ir haciendo más ancha y más marcada a lo largo de esto años hasta que hacia 1914 la iremos viendo desaparecer.



 
 
 
En 1907, conoce a Kandinsky, que se convertira en su amigo y colaborador artístico.



 
Retrato del bailarín Alexander Sacharoff . 1909.
 
 

 
 
Paisaje 1911


En 1911, Jawlensky nos expone las características de sus obras en estos años.
Nos dice:
 
 "Aquel verano (de 1911, pasado en Prevov) significó para mí una gran evolución en mi arte. Allí pinté mis mejores paisajes y las grandes obras figurativas de colores muy fuertes y luminosos, nada naturalistas y dependientes de la especificidad de los materiales. Usé mucho el rojo, el azul, el naranja, el verde y el amarillo. Las formas estaban intensamente contorneadas en azul Prusia y surgían poderosas de un éxtasis interior".
 
Pero no podemos olvidar que como casi todos sus compañeros alemanes, su pintura estuvo marcada en lo espiritual y lo artístico, por el sentido musical y el misticismo inspirado en la teosofía y por la sencillez de las formas.



 
 
 
Los años 1911 y 1912 son la etapa de un primer apogeo estilístico y son los retratos de estos años los que comienzan hacerlo famoso.



 
 
 
Sera en la década de 1910, cuando comienza, verdaderamente, su interés por la representación de rostros bajo el impacto que le habían producido en su juventud los iconos rusos.
El rostro humano se va convirtiendo en el tema central de su obra, en el que no se busca el parecido físico sino el tipo humano que representa.



 
 
 
Son retratos principalmente de mujeres a las que conocía. Al principio las pinta con accesorios, usan sombreros de ala ancha, abanicos... , pero después de pasar algún tiempo con Matisse y Emil Nolde , desespoja los retratos de todo lo aleatorio y se centra exclusivamente en la forma de la cabeza. 
 
Los retratos irán evolucionando , como iremos viendo desde su inicial expresionismo hacia formas cada vez más simplificadas, que desembocaran en un tipo de retratos casi abstractos, pintados con apenas unos cuantos planos geométricos de color.



 
El velo rojo. 1912.


Representa a una mujer de medio cuerpo, ligeramente de perfil, en la que todas las formas están delineadas con gruesas líneas negras, lo que nos da una máxima expresividad.
Es una obra realizada con colores intensos, con un dominio del rojo; el rojo predomina en el velo y en el traje, y las pinceladas verdes en el rostro y el cuello de la figura nos hablan de la influencia del fauvismo.
La influencia de los iconos rusos la vemos en que la figura ocupa todo el espacio del lienzo; las formas están delimitadas por líneas negras; en el tratamiento de los rasgos de la cara: los ojos almendrados, la línea de las cejas o de la nariz;  la postura de recogimiento y espiritualidad.
 
El mismo color dominante de la pintura el rojo, nos habla de esa influencia de la cultura rusa.
En Rusia el color rojo tiene especial significación. Existe en la casa tradicional rusas un espacio conocido como el «rincón rojo», que es como se denominaba al lugar principal de la casa, lugar privilegiado donde se colocaban los iconos y los objetos más hermosos del hogar. Así, rojo viene a ser sinónimo de espiritualidad.
 
Alexej von Jawlensky nos dice:
 
«Mi alma rusa estuvo siempre cercana al arte ruso antiguo, a los iconos, al arte bizantino, a los mosaicos de Rávena ,Venecia y Roma y al arte románico. Todas estas formas artísticas causaron en mi alma una profunda vibración, pues sentía en ellas el verdadero lenguaje espiritual» .
 
 
 
 
 
En esta obra observamos también la influencia de los iconos tanto en los colores estridentes como en la simplificación formal, que también nos recuerda a las representaciones medievales de la Madonna.
 
Tras el estallido de la Guerra Mundial ( 1914-1918), los rusos tuvieron que abandonar Alemania en el plazo de cuarenta y ocho horas. Para Jawlensky y sus familiares este hecho constituyó un golpe terrible: se vieron forzados a dejar su casa, su taller, sus cuadros, sus amigos y costumbres para recalar, con las cosas que pudieron llevar consigo, en el pueblecito de Saint-Prex, junto al lago de Ginebra.
 
En sus memorias nos dice:
 
"Al principio quería seguir pintando en Saint-Prex igual que lo hacía en Munich. Pero algo dentro de mí me impedía pintar cuadros sensuales y llenos de color. Mi alma había cambiado por culpa de tanto dolor, y eso me forzaba a encontrar otras formas y colores para expresar lo que conmovía mi alma".
 
En 1914, año del exilio en Suiza de Jawlensky, marca el inicio de lo que sera la principal aportación de este pintor: la " seriación", la repetición exacta de formas que, hoy nos son ya tan familiares. Fue Jawlensky el primer artista del siglo XX que usó la imagen repetitiva en el sentido en el que la emplearían más tarde pintores como Noland o Warhol.
 
Como hemos comentado a partir de 1914 en sus " Variaciones" la línea vuelve a omitirse, siendo ahora sólo juegos de manchas de colores, a veces en un orden aleatorio, a veces constituyendo formas definidas.
 
Destacan paisajes, algunos árboles en los que cambian sólo los colores y algunas pinceladas.



 
 
Variación. 1914.



 
Variación. 1916



 
Variación. 1916


Desde 1917 hasta 1920, Jawlensky realiza las que serían sus obras más conocidas:
 
● Cabezas Místicas. En las que aún se usa el color acompañado de líneas.



 
 
 
● Rostros del Salvador.
 
A rasgos generales, predomina la línea de color con algunas pinceladas de color.
 
En ellas mezcla elementos fauvistas, expresionistas y de la tradición y espiritualidad del arte de su país natal.
Las primeras son rostros femeninos estilizados.



 
 
 
Mientras que los segundos son rostros asexuados, ni femeninos ni masculinos.



 
 
 
Jawlensky en estas obras crea su propia versión del icono moderno.
 
En 1918 el pintor se traslada con su familia a Ascona, y sigue pintando Variaciones, Cabezas Místicas y Rostros de Santo, y crea la primera Cabeza Constructivista.



 
 
 
En ellas realiza una lectura más geométrica y aún más interiorizada y meditativa del rostro. Los abiertos y enormes ojos de sus obras anteriores se cierran ahora, cubiertos por delicados párpados, convertidos en trazos horizontales de color.



 
 
 
De ellos emana una gran espiritualidad, lograda tras un largo y laborioso peregrinaje interior y un proceso de depuración formal: deduciendo más que abstrayendo, evidenciando las estructuras intrínsecas de la realidad.
 
El orden formal alcanzado se mantiene lo más posible, con variaciones mínimas, aunque concediendo al color una gama de combinaciones y resultados espectaculares.
 
 
Al finalizar la guerra, en 1922, se casa con su antigua sirvienta Hélene Nesnakomoff de Werefkin, la madre de su único hijo, se instaló en Wiesbaden



 
Retrato de Hélene.
 

En 1924, junto a Paul Klee, Lyonel Feininger y Wassily Kandinsky, forma el grupo Die Blaue Vier (Los Cuatro Azules), con el único objetivo de exponer juntos y enseñar cada uno sus características propias; expusieron en América y distintos países de Europa.
 
Desde los últimos años de la década de 1920, una severa artritis le va imposibilita de forma progresiva para poder pintar.
La enfermedad le obliga a reducir el formato de sus cuadros a partir de 1934, cuando comienza una nueva serie de rostros limitados ya a lo esencial: " las Meditaciones"
 
En 1933 dice en una carta a la mecenas y galerista Hanna Bekker vom Rath:
 
"Físicamente soy puro dolor, pero espiritualmente me siento libre y vivo y amo el arte". Jalewsky define sus meditaciones como: "diálogos entre Dios y yo" o bien "oraciones a Dios".



 
 
 
Hasta 1937 pinta casi setecientos de dichos rostros, con un pincel atado a sus agarrotadas manos y sufriendo indeciblemente, pero con una necesidad desesperada de expresarse.
 
En 1938, comienza a dictar sus memorias.
 
Mure en Wiesbaden, el 15 de marzo de 1941

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