lunes, 22 de mayo de 2017

Los retratos de El Fayum.

Los retratos funerarios de El Fayum, son quizá la expresión artística más singular del Egipto romano.


 
 
 
Se trata de retratos de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos pintados en vida de estos, ocasionalmente enmarcados, expuestos en su casa y que posteriormente fueron recortados para acoplarlos sobre el rostro de su momia para preservar su memoria.









Sarcófago del joven Artemidoro 98 - 117 d.C.
El sarcófago, de cartón enriquecido con pan de oro, lleva inscrita la frase "Artemidoro, adiós", y está decorado con representaciones de varias divinidades egipcias:
Horus, Thot con la cabeza de ibis y Anubis con cabeza de chacal.














Antes de analizar los retratos, situémonos en el tiempo y en el espacio:
 
Los localizamos en la fase final de la historia del Antiguo Egipto, concretamente entre los siglos I y III de nuestra era; cuando el esplendor del poder faraónico hacía tiempo que había finalizado y un nuevo orden, impuesto tras la anexión del territorio al imperio romano, ha desplazado el centro de gravedad desde el valle del Nilo al mar Mediterráneo.
 
Se encontraron mayoritariamente en la región de El Fayum, de ahí su nombre, si bien algunos han sido descubiertos fuera del Fayum, por ejemplo en Saqqara y Antinoopolis.
 
La región de El Fayum, está situada en el noroeste de Egipto a unos 89 km. al sur de El Cairo, y fue y es, una fértil zona de oasis cuyas tierras son regadas por el Bahr Yusef, afluente del Nilo.



 
 
 
En la zona te tuvimos presentes tres civilizaciones:
 
La civilización romana, para la que el retrato, herencia etrusca, suponía algo de suma importancia. No creían en la vida después de la muerte. En sus creencias, después de esta vida no existía nada, salvo el recuerdo de los hechos realizados durante la misma y, la memoria del difunto. A diferencia de las representaciones idealizadas griegas, el romano se interesaba por la huella del tiempo en los rostros, al fin y al cabo, en el individualismo de los rasgos quedaba marcada parte de la biografía del difunto.
 
La religión egipcia se diferencia totalmente de la romana en su creencia en la “otra vida”. En los textos egipcios se suponía que el hombre poseía un cuerpo jat, un cuerpo espiritual sahu, "espíritu" ba, un "doble" ka, inteligencia ju, su sombra jaibit, una forma sejem, un corazón o mente ib, y un nombre ren. La conservación del cuerpo y de sus elementos fundamentales era necesario para alcanzar la existencia eterna, entendida como la continuación de la viva terrenal. A esa necesidad responde el ritual de momificación que consistía en librar a el cuerpo de la mayoría de las partes fácilmente corruptibles, para ser preservado, siendo para ello limpiado con natrón, rellenado de especias y plantas aromáticas, envuelto con vendas de lino, y protegido por amuletos y textos religiosos, y desde el Primer Periodo Intermedio protegido su rostro con máscaras funerarias para facilitar su identidad como un ser que habitaba en los dominios del Osiris.
La “moda” de los “retratos” en momias, usados en lugar de las tradicionales máscaras funerarias egipcias, probablemente comenzó en Egipto durante el gobierno del emperador Tiberio (14-37 D.C) y se mantuvo durante unos 200 años.

La concepción griega se sitúa entre las dos, representando la muerte como la aniquilación de la identidad del individuo en el reino del Hades o según los cultos mistéricos, como la deificación del alma del iniciado.
 
Estas tres influencias, la egipcia, griega y la romana, culminan en los Retratos del Fayum.
 
La forma de enterramiento seguía siendo egipcia, pero el estilo pictórico de los retratos era totalmente grecorromano. Lo importante era captar el parecido físico del fallecido.
 
 
¿Quiénes son los representados?



 
 
 
El Fayum en época romana era un área muy cosmopolita, con esperanza de vida muy baja.
 
Si observamos los retratos, los rasgos individuales de los personajes “retratados” responden a diferentes tipos étnicos, correspondientes a diferentes procedencias: griegos, macedonios, sirios e indios.



 
 
 
Se cree que se trata de miembros de las elites militares o religiosas, descendientes de colonos o colonos mismos, personas con un poder adquisitivo que les permitía costearse un oficio religioso de precio alto.
 
Características:
 
El soporte de los retratos del Fayum es madera de roble, sicómoro, ciprés, higuera, cedro y cítricos, muchas veces entelado en lino. La madera estaba preparada para favorecer “el agarre” de la cera, con sulfato de calcio, carbón y pigmento ocre, resultando una superficie ligeramente granulada.
 
Están pintados con las técnicas de la encáustica o el temple, y suelen ser retratos de busto casi frontales, y para darles más naturalidad, el modelo suele girar el rostro muy ligeramente hacia uno de los lados. Por lo general, ellos van siempre muy bien vestidos y ellas perfectamente enjoyadas.



 
 
 
Por las vestimentas, las joyas y los peinados tenemos una aproximación a la moda de la época.
 
No se sabe a ciencia cierta si los retratados posaban o si se dibujaban de memoria, pero la es pose es estática y siempre nos miran, es una mirada confiada, inquieta, triste y severa.
 
 
En los retratos, a veces, aparecen inscripciones sobre el retratado (la edad del difunto al morir, y su filiación familiar) o el autor, aunque mayoritariamente son obras anónimas. Se cree, que tenían un carácter doméstico, ornamental y sentimental.
 
Los retratos, como vimos antes, permanecían un tiempo en la casa, conviviendo con los vivos para pasar a formar parte, posteriormente, al terreno funerario.
 
En investigaciones recientes se han realizado escáneres a los cadáveres, comprobándose en muchos casos que la edad de muchos individuos al morir se corresponde con la de su representación. Se han llevado a cabo incluso reconstrucciones en tres dimensiones de los rostros representados.
 
En su estilo se observa una síntesis progresiva en el tiempo de los rasgos faciales de los retratados, que coincide con el avance del arte paleocristiano sirio y copto, y aproxima estas obras de arte a los iconos bizantinos.



 
 
Retrato femenino (¿Antinoe?), París, Museo del Louvre. Siglo II a.C.

"Este retrato es uno de los ejemplos más hermosos. Está realizado sobre madera de cedro y pintado con la técnica de la encáustica (pigmento disuelto en cera), por eso las pinceladas son tan visibles.
A diferencia de la mayoría de los retratos de El Fayum, la chica no mira hacia nosotros, sino que esquiva nuestra mirada. Aun así, sus gigantescos ojos negros siguen siendo magnéticos. Lleva el cabello recogido en un moño, sujeto con un alfiler de oro, unos preciosos pendientes, un broche para sujetar la capa y un collar de perlas, que no podemos ver porque ha quedado tapado por una lámina de pan de oro, color que simboliza la inmortalidad. Y desde luego, ha conseguido alcanzarla."
 
 
Los retratos han sido objeto de controversia. Los especialistas en arte grecorromano los consideraron obras egipcias, pero los egiptólogos los consideraron creaciones de los primeros años de la era cristiana, cuando Egipto estaba bajo el dominio de Roma y por lo tanto, fuera del ámbito egipcio.
Durante demasiado tiempo los historiadores del arte menospreciaron estas obras maestras. Actualmente, los retratos están recibiendo la atención que merecen, sobre todo por la sorprendente posibilidad de que estos retratos introducidos entre las vendas de las momias quizás no sean representaciones del arte romano provincial, como se ha descrito más arriba, sino que sean obras creadas por egipcios para egipcios. Dicho de otro modo, puede que no sean retratos de la aristocracia mediterránea que controlaba Egipto en época romana, sino de los propios egipcios.

lunes, 27 de marzo de 2017

KEITH HARING. 1958 – 1990.



 
 
 
 
Nace en Pensilvania. Desde niño le gusta el dibujo y comienza a dibujar inspirándose en los dibujos animados de la televisión. Estudia arte en la Ivy School of Art de Pittsburgh y posteriormente en la Escuela de Artes Visuales en Nueva York.
 
Nueva York en 1980 vive una época de frenesí, el punk y la new wave eclosionan en la música, las artes plásticas y crítica social. Haring pertenece a esta generación pop.
 
Keith Haring, influenciado por la estética del cómic e incluso por los dibujos de Walt Disney, es uno de los artistas plástico y activista social más reconocidos de la década de los 80 y 90.



 
 
 
En Nueva York, su amistad Jean-Michel Basquiat, y su relación con los círculos musicales, literarios y de activismo social le sirven para trazar estrategias que le permiten difundir su trabajo en las calles, las paredes o los vagones del transporte público.
 
En el metro Haring pegaba papeles negros sobre anuncios publicitarios viejos y pintaba encima con tiza blanca, lo que le llevo a ser arrestado en varias ocasiones por daños a la propiedad pública.



 
 
 
Características de su obra:
 
En 1980 comenzó a hacer grafitis, dibujando con rotulador imágenes similares a dibujos animados.



 
Mural de Keith Haring en Nueva York.
 
 
Para sus obras escoge temas de actualidad y temas polémicos y los trata siempre con una cierta provocación muy al gusto de la sociedad en la que se mueve. Posemos ver: bebés gateando, sexos enormes, alusiones políticamente correctas a la energía nuclear, glosa de la “inquietud moral” ante las catástrofes, amoríos entre todo tipo de sexos...



 
 
 
Utiliza soportes pictóricos muy variados: muros, papeles, telas, fibra de video, metales, maderas y los trabaja con tiza, tinta, acrílico…, siempre con un estilo desenfadado y personal.



 
 
 
Dibuja empleando líneas gruesas para definir los contornos.



 
 
 
Colores primarios muy brillantes que cubren superficies planas.



 
 
 
También verdes, rosas, naranjas y lilas.
 
Su lenguaje pictórico muy simbólico es muy cercano al mundo infantil, influenciado, como dijimos, por el mundo de los tebeos y de los dibujos animados. En su simbología figuran perros ladrando, figuras con agujeros en el ombligo, otras que sostienen cruces, pirámides, naves espaciales y bebés que son un símbolo de energía y de ganas de aprender.



 
 
 
 
 
 
Su obra también se caracteriza por las críticas que emite en relación a la sociedad de consumo, a las nuevas formas de religiosidad y a las grandes amenazas que sugieren estos tiempos.



 
 
 
Una de sus mayores influencias fue la del artista Pierre Alchinsky, que le permitió apreciar las posibilidades del arte infantil empleado por un artista.
 
En el riquísimo vocabulario gráfico de Haring, encontramos ensambladas las influencias de Picasso, el Expresionismo, el arte ritual africano, precolombino y la cultura del hip-hop. Asimismo su obra la podríamos relacionar con los cuadros de El Bosco, pues admiraba las figuras grotescas que aparecían en sus cuadros del Bosco.



 
 
 
 
 
 
Homosexual militante, tras ser diagnosticado en 1988 como portador de VIH sus obras comenzaron a ser más comprometidas social y culturalmente abogando por el sexo seguro.



 
 
 
Siendo ya un artista de renombre estuvo en Madrid donde visitó la feria de arte contemporáneo Arco. Su comentario "aburridísimo". Todo lo contrario a la impresión que le causó el Museo del Prado.
 
Viaja a Barcelona a la exposición de Frederic Amat coincidiendo con Montse Guillén, dueña del restaurante “El Internacional” de Nueva York al que acudían personalidades como Andy Warhol. En Barcelona nace la posibilidad de que realizara un mural para la ciudad. Acepta y en seguida se pone a pensar en la idea y selecciona para realizarlo el barrio de el Raval.
El Raval era un barrio castigado por la pobreza, las drogas y las enfermedades de transmisión sexual. Por ello, decide crear su mural allí con la idea de alertar e informar sobre el Sida mediante referencias a los peligros del sexo sin protección. La pared que elige mide treinta metros y es el lugar donde más jeringuillas se encontraban todas las mañanas, es una pared en mal estado y piensa que será una obra efímera, pero debido al paralelismo que ve con los barrios de Nueva York en los que él comenzó su andadura, la quiere y consiguen los permisos para la realizar el trabajo. Trabajo que realiza en cinco horas.



 
 
 
En el Mural se representa una serpiente ahogando una jeringuilla, debajo de la cual se lee su nombre: Sida. A su izquierda se puede observar un grupo de personas huyendo a la vez que una pareja con una tijera pincha al reptil mientras otro individuo le coloca un preservativo. Y todo ello en un único color, el rojo, el color de la pasión, del peligro, de la sangre, en definitiva.
 
No es extraño que él, que de los vagones del metro saltó a los apartamentos de Manhattan, quisiera dejar uno de sus últimos alegatos contra la enfermedad que le mató en un lugar como el Raval.
 
Haring fue una figura activa sobre la enfermedad, la sexualidad y la homosexualidad. Esta última fue una de las constantes en sus creaciones debido a los prejuicios y el estigma de la época acerca de las relaciones entre hombres.



 
 
 
La obra de Haring tiene un gran carácter lúdico; prueba de ello es que los niños pueden jugar con sus esculturas situadas en un parque como si fuesen el equipamiento de la zona de juego de un parque infantil.



 
 
 
Durante los años ochenta, Haring realizó, gracias a la financiación pública, pinturas y esculturas relacionadas con temáticas infantiles.
 
Bajo los auspicios del sector público, enseñó a muchos niños a trabajar, a pintar y a crear arte a su manera. El propio artista lo explicaba de la siguiente forma:
 
“Desenrollo este gran rollo de papel. Los niños se sientan a mí alrededor. Hago algunos dibujos sobre el papel. Entonces ellos empiezan a dibujar con rotuladores o lápices. La música va sonando... y cuando para, todos nos cambiamos de sitio y nos sentamos en otra parte del papel...”.
 
Realizó talleres con niños en diferentes lugares.
 
Entre 1982 y 1989 realizó 50 enormes murales al aire libre, muchos encargados por instituciones cuando el establishment reconoció el alcance universal de sus mensajes.
 
Dejó en marcha una fundación Haring Foundation, creada en 1989, con la idea de desarrollar programas para niños en los que se hablara y se diera a conocer el Sida. Fundación que sigue en activo. En su obra Silence = Death, por ejemplo, se representan diversas figuras que se cubren los ojos y los oídos y se configura como la invisibilidad del Sida en la década de los ochenta.



 
 
 
Creo una infraestructura comercial para vender la ingente cantidad de merchandising que lleva su marca.
 
Haring diseñó el logotipo del Año Internacional de la Juventud de las Naciones Unidas (1985).
 
Con motivo del centenario de la estatua de la libertad (1986) realizó un dibujo gigante que los niños colorearon.



 
 
 
También ilustró un par de libros infantiles.
 
Al final de su vida, dedicó gran parte de su tiempo a causas sociales, centros infantiles, proyectos antidroga y campañas de sexo seguro.
 
No fue un pintor político; pero democratizó el arte; hizo de las calles su lienzo. Las cubriría con inmensos murales.
 
“Keith Haring logra derribar estereotipos y generar nuevas interpretaciones en relación al arte como un dispositivo de comunicación y de regulación social. Parte de la transformación cultural y social durante la década de los 80, surge a partir de la nueva concepción que los artistas pop otorgan a su producción, como formas que se contraponen a las clásicas y permiten en cierta forma «democratizar» el arte, debido a que la sociedad moderna y las nuevas formas de producción y reproducción sugieren la necesidad de ampliar y potencializar las relaciones comerciales y culturales, la globalización hace parte de este fenómeno como un detonador de la información y las redes de comunicación.”



 
 
 
Podemos leer sobre él “Haring fue un pintor de monigotes, de esos muñecos que todos hemos dibujado muchas veces de pequeños”, pero fue algo más, fue un hombre cargado de sensibilidad y compromiso social que trasmitía a través de imágenes que nos parecen simples pero que están saturadas de simbolismo y denuncia.